El elefante del sombrero I
Fanfic yaoi
Fandom: Hetalia
Pairing: Ludwig x Feliciano
Esta historia tendrá lemon y situaciones violentas explícitas en el futuro, aunque no en esta parte en específico, cuando vaya a ser así les avisaré primero. Por favor lean las notas que puse hasta el final, que lo disfruten :3
Después de varios días de pedalear bajo la lluvia, retrasarse en sus entregas y llegar a sus destinos con los pedidos hechos un desastre, Feliciano al fin tuvo el día soleado que tanto deseaba, el cielo no estaba totalmente despejado, pero no parecía que fuera a llover de nuevo y hacía un agradable viento cálido. Hizo sus entregas más alegre que de costumbre y se le ocurrió que podía aprovechar el buen clima y pasear un rato por el río, se apresuró a terminar temprano e hizo su última parada en una calle que no estaba empedrada para recoger la grava suelta en sus bolsillos.
Siguió por la orilla del río en su bicicleta, despacio, para disfrutar de la brisa, mientas buscaba un buen lugar para sentarse a descansar y se encontró con algo muy extraño. Un par de veces halló cosas interesantes en la rivera o estancadas en el lecho del río, donde era menos profundo, pero nunca encontró nada tan inusual, paró muy cerca del borde del agua y lo observó detenidamente para asegurarse de que fuera lo que parecía.
Parecía un uniforme de soldado alemán, completo y cuidadosamente doblado, pero abandonado sobre el césped, no le quitó la vista de encima mientras lo pensaba, no pudo imaginar por qué uno de los nazis hubiera dejado ahí olvidada su ropa. Tal vez era un soldado que llegaba, la llevaba en su equipaje y la había dejado caer por descuido, pero era imposible que hubiera caído de una maleta tan ordenadamente; o quizás la llevaba a lavar a la tintorería del pueblo y por eso cayó ahí recién planchada y doblada, aunque además del pantalón y el saco que se veían tan delicados, también había dejado su ropa interior, sus botas, una gorra de plato y hasta un cinturón con un arma, así que eso era todavía más imposible. Apenas estaba dándose cuenta que no importando el motivo del descuido, el dueño del uniforme —y del arma — seguramente regresaría a buscarlos y era mejor alejárse rápido, cuando el soldado efectivamente regresó por sus cosas.
—Italiano... — Le habló en italiano pero con un acento muy marcado. Feliciano levantó la vista y supo que el hombre que le hablaba era el dueño del uniforme por que estaba completamente desnudo.
Su no tan afinado sentido común le aconsejó que huyera, pero su menos afinado sentido del equilibrio hizo que avanzara solo unos metros y cayera al río con todo y la bicicleta. El soldado lo observó caerse, hundirse, tragar agua, salir a respirar, volver a hundirse y ya no salir; estaba tan desconcertado que tardó un momento en darse cuenta que Feliciano se estaba ahogando, no perdió más tiempo y se lanzó al río para rescatarlo.
El soldado se apresuró para alcanzarlo, a esa altura el río no era muy caudaloso pero le costó mucho acercarse lo suficiente por que estaba como enredado en la bicicleta y pataleaba mucho, fue hasta que Feliciano estuvo medio inconciente que pudo tomarlo, le sacó la cabeza del agua y lo llevó hasta la orilla. Acercó su oido a los labios de Feliciano para comprobar si todavía respiraba, pero como no sabía nada de primeros auxilios lo que escuchó no le indicó nada, puso las dos manos sobre su pecho, como vio una vez que hacían los paramédicos para reanimar a uno de sus compañeros, y apoyó en él todo el peso de su cuerpo, el dolor de la compresión mal practicada fue lo que hizo reaccionar a Feliciano.
—¿Estás bien? —No le contestó, tosió varias veces y escupió algo del agua que había tragado— ¿Italiano?
Feliciano respiró profundamente un par de veces para recuperarse, abrió los ojos y al ver al alemán desnudo arrodillado ante él volvió a perder el aliento. Se cubrió los ojos y trató de asimilarlo, no el hecho de ver al soldado sin nada de ropa, sino que hace solo un segundo había caído al río, estuvo a punto de morir y ese hombre acababa de salvar su vida. No le hubiera perecido tan real sin el dolor de los golpes y la sensación de alambre de púas en su garganta, se decidió a mirar al hombre para agradecerle pero ya no estaba frente a él, había ido donde su uniforme y estaba vistiéndose de nuevo.
—Señor —Su voz estaba quebrada, Feliciano trató de ir con él para hacerse escuchar mejor pero no pudo levantarse—, señor...
—¿Estas bien? —Feliciano solo asintió, murmuró algo que no pudo escuchar y se acercó de nuevo con algo de molestia, había pensado que una vez haciendo lo que creyó correcto podía irse sin más, dejando solo al italiano por si quería tirarse al río de nuevo— ¿qué es lo que te pasa?
—Nada —Feliciano parecía conmocionado, aún temblaba y le habló desde el suelo, pero su mirada estaba llena de luz y le ofreció una hermosa sonrisa— Gracias, tu salvaste mi vida.
El soldado enrojeció visiblemente, se sentía muy avergonzado, aunque ya tenía los pantalones puestos la situación no pasaba de ser embarazosa y se puso a la defensiva.
—¿En serio?, yo creí que querías hundirte —Feliciano se preguntó si el soldado había articulado mal la frase en su italiano de extranjero y solo se lo preguntó con una mirada confundida— Por que llevas los bolsillos llenos de piedras.
Se arrepintió de decirlo por que lo hizo en un tono que parecía estar acusando al pequeño italiano, pero él solo se rió, vació las piedras de su chaqueta y le explicó que las había llevado para divertirse lanzándolas al río. Le sonó algo estúpido por la única razón de que él jamás cargaría con piedras en los bolsillos, lo miró con lástima y se sentó junto a él para terminar de atar su botas.
—Bien, si ya estas...
—¿Cómo te llamas?
El soldado reflexionó un momento antes de contestar pero no encontró ningún inconveniente en presentarse con él.
—Soy el sargento Beilschdmit.
—Yo soy Feliciano —Seguía sonriéndole feliz como si nada hubiera pasado, estaba perfectamente consciente de que pudo haber muerto, pero precisamente por eso estaba tan feliz— ¿Pero cuál es tu nombre?
—Ese es mi nombre.
—No, quiero decir tu primer nombre, cómo te llaman tus amigos.
El sargento pensó que no lo dejaría en paz hasta que contestara su pregunta, entonces recordó el libro* que había leído ese verano, uno de sus amigos se lo había enviado desde los Estados Unidos, con una nota contando que había escuchado que trataba de un piloto perdido en el desierto, que era ayudado a sobrevivir por un alienígena, y que deseaba que lo leyeran al mismo tiempo para discutirlo por carta después. Al final el libro había resultado algo completamente diferente a lo que se esperaban, pero Feliciano le recordó a uno de los personajes del libro, con sus preguntas tan insistentes.
—Soy Ludwig.
—Ah, ¿Y por qué estabas desnudo en el bosque? —Ludwig se sonrojó de nuevo y antes de que pudiera decir algo Feliciano continuó— Por que, ¿Sabes?, he escuchado de personas que quieren sabotear a los alemanes por que dicen que son malos, dicen que llevan a la gente inocente a la factoría** y hacen cosas horribles con ellos, yo no pienso que sean malos por que no me han hecho nada y además tu me ayudaste, pero si alguien que no le agradan los alemanes hubiera pasado por aquí y se hubiera llevado tu ropa para sabotearte tendrías que haber regresado desnudo a la factoría.
No había pensado en eso, simplemente aprovechó el buen clima para salir a pasear, le gustaba mucho caminar y se dejó llevar por el calor y el río cristalino. Hasta entonces reparó en que había sido más estúpido que llenarse los bolsillos de piedras, en el mejor de los casos alguien podría haberse llevado su ropa pero incluso pudieron haberle disparado con su propia arma.
—Ludwig, ¿por qué te quitaste la ropa?
Creyó que debía molestarse por que le hablara con tanta familiaridad pero lo desconcertó el hecho de que no estuviera en paz hasta que no contestara su pregunta.
—Yo... Solo quería nadar un poco —Feliciano le sonreía hermosamente, Ludwig lo miró detenidamente, se preguntó qué hacía ahí tan lejos del pueblo, y aunque estaba totalmente empapado pero no tenía en absoluto la apariencia de un chico que acaba de ser sacado violentamente de un río, no parecía abatido de frío, ni de cansancio, ni de dolor, ni de miedo— Ya debo irme.
—Ludwig —Feliciano lo tomó del brazo antes de que se levantara— Gracias por ayudarme, salvaste mi vida.
Ludwig lo ignoró y se fue de su vista tan repentinamente como apareció la primera vez. Feliciano recogió sus piernas y las abrazó, al fin comenzó a llorar, no lo hizo antes por que de alguna forma la presencia del soldado se lo impidió. Aunque no lo pareciera tenía frío, estaba cansado, le dolía todo el cuerpo y también tenía algo de miedo de cómo reaccionaría su hermano cuando le dijera que perdió la bicicleta.
Las nubes despejaron el sol por un momento y feliciano vió algo centellear entre la hierba, fue a ver de que se trataba y recogió una cruz de hierro, era simple, negra con los bordes plateados y su único adorno era el listón balnco, negro y rojo del que estaba prendida. La encontró muy bonita y supuso que el soldado alemán se la había dejado olvidada ahí.
*El libro es El principito de Antoine de Saint-Exupery
**Se refiere a la Risiera di San Sabba, era una antigua arrocería que fue ocupada por los nazis, primero como campo de tránsito y luego como campo de exterminio, ahora es un museo y está en la provincia de Trieste en Italia.
Fandom: Hetalia
Pairing: Ludwig x Feliciano
Esta historia tendrá lemon y situaciones violentas explícitas en el futuro, aunque no en esta parte en específico, cuando vaya a ser así les avisaré primero. Por favor lean las notas que puse hasta el final, que lo disfruten :3
Después de varios días de pedalear bajo la lluvia, retrasarse en sus entregas y llegar a sus destinos con los pedidos hechos un desastre, Feliciano al fin tuvo el día soleado que tanto deseaba, el cielo no estaba totalmente despejado, pero no parecía que fuera a llover de nuevo y hacía un agradable viento cálido. Hizo sus entregas más alegre que de costumbre y se le ocurrió que podía aprovechar el buen clima y pasear un rato por el río, se apresuró a terminar temprano e hizo su última parada en una calle que no estaba empedrada para recoger la grava suelta en sus bolsillos.
Siguió por la orilla del río en su bicicleta, despacio, para disfrutar de la brisa, mientas buscaba un buen lugar para sentarse a descansar y se encontró con algo muy extraño. Un par de veces halló cosas interesantes en la rivera o estancadas en el lecho del río, donde era menos profundo, pero nunca encontró nada tan inusual, paró muy cerca del borde del agua y lo observó detenidamente para asegurarse de que fuera lo que parecía.
Parecía un uniforme de soldado alemán, completo y cuidadosamente doblado, pero abandonado sobre el césped, no le quitó la vista de encima mientras lo pensaba, no pudo imaginar por qué uno de los nazis hubiera dejado ahí olvidada su ropa. Tal vez era un soldado que llegaba, la llevaba en su equipaje y la había dejado caer por descuido, pero era imposible que hubiera caído de una maleta tan ordenadamente; o quizás la llevaba a lavar a la tintorería del pueblo y por eso cayó ahí recién planchada y doblada, aunque además del pantalón y el saco que se veían tan delicados, también había dejado su ropa interior, sus botas, una gorra de plato y hasta un cinturón con un arma, así que eso era todavía más imposible. Apenas estaba dándose cuenta que no importando el motivo del descuido, el dueño del uniforme —y del arma — seguramente regresaría a buscarlos y era mejor alejárse rápido, cuando el soldado efectivamente regresó por sus cosas.
—Italiano... — Le habló en italiano pero con un acento muy marcado. Feliciano levantó la vista y supo que el hombre que le hablaba era el dueño del uniforme por que estaba completamente desnudo.
Su no tan afinado sentido común le aconsejó que huyera, pero su menos afinado sentido del equilibrio hizo que avanzara solo unos metros y cayera al río con todo y la bicicleta. El soldado lo observó caerse, hundirse, tragar agua, salir a respirar, volver a hundirse y ya no salir; estaba tan desconcertado que tardó un momento en darse cuenta que Feliciano se estaba ahogando, no perdió más tiempo y se lanzó al río para rescatarlo.
El soldado se apresuró para alcanzarlo, a esa altura el río no era muy caudaloso pero le costó mucho acercarse lo suficiente por que estaba como enredado en la bicicleta y pataleaba mucho, fue hasta que Feliciano estuvo medio inconciente que pudo tomarlo, le sacó la cabeza del agua y lo llevó hasta la orilla. Acercó su oido a los labios de Feliciano para comprobar si todavía respiraba, pero como no sabía nada de primeros auxilios lo que escuchó no le indicó nada, puso las dos manos sobre su pecho, como vio una vez que hacían los paramédicos para reanimar a uno de sus compañeros, y apoyó en él todo el peso de su cuerpo, el dolor de la compresión mal practicada fue lo que hizo reaccionar a Feliciano.
—¿Estás bien? —No le contestó, tosió varias veces y escupió algo del agua que había tragado— ¿Italiano?
Feliciano respiró profundamente un par de veces para recuperarse, abrió los ojos y al ver al alemán desnudo arrodillado ante él volvió a perder el aliento. Se cubrió los ojos y trató de asimilarlo, no el hecho de ver al soldado sin nada de ropa, sino que hace solo un segundo había caído al río, estuvo a punto de morir y ese hombre acababa de salvar su vida. No le hubiera perecido tan real sin el dolor de los golpes y la sensación de alambre de púas en su garganta, se decidió a mirar al hombre para agradecerle pero ya no estaba frente a él, había ido donde su uniforme y estaba vistiéndose de nuevo.
—Señor —Su voz estaba quebrada, Feliciano trató de ir con él para hacerse escuchar mejor pero no pudo levantarse—, señor...
—¿Estas bien? —Feliciano solo asintió, murmuró algo que no pudo escuchar y se acercó de nuevo con algo de molestia, había pensado que una vez haciendo lo que creyó correcto podía irse sin más, dejando solo al italiano por si quería tirarse al río de nuevo— ¿qué es lo que te pasa?
—Nada —Feliciano parecía conmocionado, aún temblaba y le habló desde el suelo, pero su mirada estaba llena de luz y le ofreció una hermosa sonrisa— Gracias, tu salvaste mi vida.
El soldado enrojeció visiblemente, se sentía muy avergonzado, aunque ya tenía los pantalones puestos la situación no pasaba de ser embarazosa y se puso a la defensiva.
—¿En serio?, yo creí que querías hundirte —Feliciano se preguntó si el soldado había articulado mal la frase en su italiano de extranjero y solo se lo preguntó con una mirada confundida— Por que llevas los bolsillos llenos de piedras.
Se arrepintió de decirlo por que lo hizo en un tono que parecía estar acusando al pequeño italiano, pero él solo se rió, vació las piedras de su chaqueta y le explicó que las había llevado para divertirse lanzándolas al río. Le sonó algo estúpido por la única razón de que él jamás cargaría con piedras en los bolsillos, lo miró con lástima y se sentó junto a él para terminar de atar su botas.
—Bien, si ya estas...
—¿Cómo te llamas?
El soldado reflexionó un momento antes de contestar pero no encontró ningún inconveniente en presentarse con él.
—Soy el sargento Beilschdmit.
—Yo soy Feliciano —Seguía sonriéndole feliz como si nada hubiera pasado, estaba perfectamente consciente de que pudo haber muerto, pero precisamente por eso estaba tan feliz— ¿Pero cuál es tu nombre?
—Ese es mi nombre.
—No, quiero decir tu primer nombre, cómo te llaman tus amigos.
El sargento pensó que no lo dejaría en paz hasta que contestara su pregunta, entonces recordó el libro* que había leído ese verano, uno de sus amigos se lo había enviado desde los Estados Unidos, con una nota contando que había escuchado que trataba de un piloto perdido en el desierto, que era ayudado a sobrevivir por un alienígena, y que deseaba que lo leyeran al mismo tiempo para discutirlo por carta después. Al final el libro había resultado algo completamente diferente a lo que se esperaban, pero Feliciano le recordó a uno de los personajes del libro, con sus preguntas tan insistentes.
—Soy Ludwig.
—Ah, ¿Y por qué estabas desnudo en el bosque? —Ludwig se sonrojó de nuevo y antes de que pudiera decir algo Feliciano continuó— Por que, ¿Sabes?, he escuchado de personas que quieren sabotear a los alemanes por que dicen que son malos, dicen que llevan a la gente inocente a la factoría** y hacen cosas horribles con ellos, yo no pienso que sean malos por que no me han hecho nada y además tu me ayudaste, pero si alguien que no le agradan los alemanes hubiera pasado por aquí y se hubiera llevado tu ropa para sabotearte tendrías que haber regresado desnudo a la factoría.
No había pensado en eso, simplemente aprovechó el buen clima para salir a pasear, le gustaba mucho caminar y se dejó llevar por el calor y el río cristalino. Hasta entonces reparó en que había sido más estúpido que llenarse los bolsillos de piedras, en el mejor de los casos alguien podría haberse llevado su ropa pero incluso pudieron haberle disparado con su propia arma.
—Ludwig, ¿por qué te quitaste la ropa?
Creyó que debía molestarse por que le hablara con tanta familiaridad pero lo desconcertó el hecho de que no estuviera en paz hasta que no contestara su pregunta.
—Yo... Solo quería nadar un poco —Feliciano le sonreía hermosamente, Ludwig lo miró detenidamente, se preguntó qué hacía ahí tan lejos del pueblo, y aunque estaba totalmente empapado pero no tenía en absoluto la apariencia de un chico que acaba de ser sacado violentamente de un río, no parecía abatido de frío, ni de cansancio, ni de dolor, ni de miedo— Ya debo irme.
—Ludwig —Feliciano lo tomó del brazo antes de que se levantara— Gracias por ayudarme, salvaste mi vida.
Ludwig lo ignoró y se fue de su vista tan repentinamente como apareció la primera vez. Feliciano recogió sus piernas y las abrazó, al fin comenzó a llorar, no lo hizo antes por que de alguna forma la presencia del soldado se lo impidió. Aunque no lo pareciera tenía frío, estaba cansado, le dolía todo el cuerpo y también tenía algo de miedo de cómo reaccionaría su hermano cuando le dijera que perdió la bicicleta.
Las nubes despejaron el sol por un momento y feliciano vió algo centellear entre la hierba, fue a ver de que se trataba y recogió una cruz de hierro, era simple, negra con los bordes plateados y su único adorno era el listón balnco, negro y rojo del que estaba prendida. La encontró muy bonita y supuso que el soldado alemán se la había dejado olvidada ahí.
*El libro es El principito de Antoine de Saint-Exupery
**Se refiere a la Risiera di San Sabba, era una antigua arrocería que fue ocupada por los nazis, primero como campo de tránsito y luego como campo de exterminio, ahora es un museo y está en la provincia de Trieste en Italia.
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