Les Collines
Historia original yaoi
Sin advertencias, que lo disfruten :3
Les Collines nunca ganaba nada, eran un pésimo equipo, sus amigos le advirtieron muchas veces que no entrara, pero eso era precisamente lo que había llamado la atención de Luis, no era muy bueno en los deportes y creyó que si trataba de entrar en un club con más prestigio serían más exigentes con él. Pero se equivocó, los entrenamientos en Les Collines eran muy duros, el entrenador muy severo y los demás jugadores tenían un nivel tan alto que para Luis era muy difícil seguirles el paso. Y aún así eran malos.
Cada uno tenía una idea diferente de porqué eran tan malos y había pensado en su propia solución. El entrenador creía que debían entrenar más, algunos jugadores pensaban que debían dejar de usar siempre la misma formación, y otros tantos, que debían cambiarlos de posición. Luis pensaba que debían meterlo a la cancha, se había pasado toda la temporada en la banca y no sentía que hubiera valido la pena esforzarse para no jugar en un equipo del que todos se burlaban, había sido una verdadera tortura para él entrenar tres horas diarias para nunca ganar nada y además tener que aguantar al entrenador y a algunos de sus compañeros que eran inosportablemente pretenciosos por que se sabían buenos. Además nadie del equipo, ni el entrenador ni ellos, tenía expectativas dentro del torneo más allá de los octavos de final.
Ese era el problema que nadie veía, o que nadie quería ver, no pensaban como un equipo.
En el segundo tiempo del que todos suponían que sería su último partido de la temporada, el entrenador dejó jugar a Luis y a otro de los chicos de la banca, para que al menos pudieran tocar el balón, y todos los jugadores de Les Collines así lo hacían, se esforzaban mucho por tocar el balón al menos una vez.
Pero Luis no se esforzó demasiado, ese día en particular no tenía ganas de competir hasta con los chicos de su mismo equipo y corrió hacia arriba de la cancha para descansar de correr detrás del balón sin ningún sentido y poder ver el partido tranquilamente, como estando en la banca, simplemente siendo un espectador aburrido desde dentro de la cancha, igual que el portero del equipo contrario.
Al principio observó a todos los demás jugadores amontonarse alrededor del balón sin conseguir nada, el otro equipo también era malo, pensó que se parecían a los patos del parque cuando les arrojaba migajas al agua del estanque y se distrajo viendo la tribuna, casi vacía, empezó a contar a las personas que habían ido a ver el partido cuando de repente pasó algo interesante en la cancha.
Levantó la mirada y vio el balón volando hacia él y lo recibió por inercia, pensó en tratar de tirar hacia la portería, pero Iván, uno de sus compañeros titulares, lo llamó desde un poco más cerca del arco para que le pasara el balón, Luis lo pensó un poco y al final decidió pasárselo, no estaba tan seguro de poder acertar y si Iván fallaba iba a ser su culpa y los demás le reclamarían a él.
Iván envió el balón hacia la portería y aunque el portero ya estaba listo para atajarlo consiguió meter un gol. Todos los jugadores de Les Collines comenzaron a festejar y algunos de ellos corrieron a felicitar a Iván.
Luis se quedó estático en su lugar, pensando que pudo haber sido él quien anotara y a quien tuvieran que agradecérselo, cuando escuchó a uno de los jugadores del otro equipo a sus espaldas decirle al árbitro que había sido fuera de lugar, volteó para verlos discutir y por alguna razón egoísta deseó que anularan el gol que hubiera sido suyo, aunque significara volver a perder, o que el partido quedara cero a cero y su equipo no reuniera los puntos suficientes para seguir en el torneo.
Todos los jugadores de reunieron en círculo alrededor del árbitro y del jugador que discutía, esperando el fallo. Luis iba a acercarse más para ver mejor cuando algunos de ellos se pararon frente a él, pero se sintió detenido, Iván abrazó su cintura, se apretó mucho contra su espalda y le susurró al oído.
—No te preocupes, no nos lo van a anular.
Luis no lo pensó conscientemente, pero sus palabras lo encantaron, lo hicieron sentir que el gol era algo suyo también, de ambos, y también se sintió angustiado de que el árbitro pudiera anularlo, y entonces sería como si jamás se hubiera unido con Iván para conseguirlo.
Respiró profundamente y consiguió tranquilizarse un poco, por alguna razón extraña le dieron ganas de repetir la experiencia, de volver a sentir la emoción tan intensa y pasajera que experimentó al saber de los labios de Iván que compartía su gol con él. Deseó como nunca ganar ese partido y continuar compitiendo en la temporada, solo para volver a sentir la intensidad del triunfo, o tal vez de los brazos de Iván rodeando su cuerpo.
El jugador que discutía terminó de explicar cómo había interpretado las posiciones, el árbitro, que escuchó pacientemente sus razones tocó su silbato un par de veces y emitió su fallo, pero Luis no lo escuchó, para ese momento solamente pensaba en que no quería que Iván lo soltara.
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Les Collines nunca ganaba nada, eran un pésimo equipo, sus amigos le advirtieron muchas veces que no entrara, pero eso era precisamente lo que había llamado la atención de Luis, no era muy bueno en los deportes y creyó que si trataba de entrar en un club con más prestigio serían más exigentes con él. Pero se equivocó, los entrenamientos en Les Collines eran muy duros, el entrenador muy severo y los demás jugadores tenían un nivel tan alto que para Luis era muy difícil seguirles el paso. Y aún así eran malos.
Cada uno tenía una idea diferente de porqué eran tan malos y había pensado en su propia solución. El entrenador creía que debían entrenar más, algunos jugadores pensaban que debían dejar de usar siempre la misma formación, y otros tantos, que debían cambiarlos de posición. Luis pensaba que debían meterlo a la cancha, se había pasado toda la temporada en la banca y no sentía que hubiera valido la pena esforzarse para no jugar en un equipo del que todos se burlaban, había sido una verdadera tortura para él entrenar tres horas diarias para nunca ganar nada y además tener que aguantar al entrenador y a algunos de sus compañeros que eran inosportablemente pretenciosos por que se sabían buenos. Además nadie del equipo, ni el entrenador ni ellos, tenía expectativas dentro del torneo más allá de los octavos de final.
Ese era el problema que nadie veía, o que nadie quería ver, no pensaban como un equipo.
En el segundo tiempo del que todos suponían que sería su último partido de la temporada, el entrenador dejó jugar a Luis y a otro de los chicos de la banca, para que al menos pudieran tocar el balón, y todos los jugadores de Les Collines así lo hacían, se esforzaban mucho por tocar el balón al menos una vez.
Pero Luis no se esforzó demasiado, ese día en particular no tenía ganas de competir hasta con los chicos de su mismo equipo y corrió hacia arriba de la cancha para descansar de correr detrás del balón sin ningún sentido y poder ver el partido tranquilamente, como estando en la banca, simplemente siendo un espectador aburrido desde dentro de la cancha, igual que el portero del equipo contrario.
Al principio observó a todos los demás jugadores amontonarse alrededor del balón sin conseguir nada, el otro equipo también era malo, pensó que se parecían a los patos del parque cuando les arrojaba migajas al agua del estanque y se distrajo viendo la tribuna, casi vacía, empezó a contar a las personas que habían ido a ver el partido cuando de repente pasó algo interesante en la cancha.
Levantó la mirada y vio el balón volando hacia él y lo recibió por inercia, pensó en tratar de tirar hacia la portería, pero Iván, uno de sus compañeros titulares, lo llamó desde un poco más cerca del arco para que le pasara el balón, Luis lo pensó un poco y al final decidió pasárselo, no estaba tan seguro de poder acertar y si Iván fallaba iba a ser su culpa y los demás le reclamarían a él.
Iván envió el balón hacia la portería y aunque el portero ya estaba listo para atajarlo consiguió meter un gol. Todos los jugadores de Les Collines comenzaron a festejar y algunos de ellos corrieron a felicitar a Iván.
Luis se quedó estático en su lugar, pensando que pudo haber sido él quien anotara y a quien tuvieran que agradecérselo, cuando escuchó a uno de los jugadores del otro equipo a sus espaldas decirle al árbitro que había sido fuera de lugar, volteó para verlos discutir y por alguna razón egoísta deseó que anularan el gol que hubiera sido suyo, aunque significara volver a perder, o que el partido quedara cero a cero y su equipo no reuniera los puntos suficientes para seguir en el torneo.
Todos los jugadores de reunieron en círculo alrededor del árbitro y del jugador que discutía, esperando el fallo. Luis iba a acercarse más para ver mejor cuando algunos de ellos se pararon frente a él, pero se sintió detenido, Iván abrazó su cintura, se apretó mucho contra su espalda y le susurró al oído.
—No te preocupes, no nos lo van a anular.
Luis no lo pensó conscientemente, pero sus palabras lo encantaron, lo hicieron sentir que el gol era algo suyo también, de ambos, y también se sintió angustiado de que el árbitro pudiera anularlo, y entonces sería como si jamás se hubiera unido con Iván para conseguirlo.
Respiró profundamente y consiguió tranquilizarse un poco, por alguna razón extraña le dieron ganas de repetir la experiencia, de volver a sentir la emoción tan intensa y pasajera que experimentó al saber de los labios de Iván que compartía su gol con él. Deseó como nunca ganar ese partido y continuar compitiendo en la temporada, solo para volver a sentir la intensidad del triunfo, o tal vez de los brazos de Iván rodeando su cuerpo.
El jugador que discutía terminó de explicar cómo había interpretado las posiciones, el árbitro, que escuchó pacientemente sus razones tocó su silbato un par de veces y emitió su fallo, pero Luis no lo escuchó, para ese momento solamente pensaba en que no quería que Iván lo soltara.
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