Sólo es un rumor I
Fanfic yaoi
Fandom: Steel Ball Run - Jojo's Bizarre Adventure
Pairing: Diego x Johnny, Johnny x Gyro (unilateralmente)
Esta historia tiene situaciones violentas explícitas en esta parte en específico; menciona temas como la anorexia y el autodesprecio, y tendrá lemon en el futuro, aunque no en esta parte, cuando vaya a ser así les avisarémos primero. Que lo disfruten :3
Johnny apagó su celular y lo guardó en el fondo de un cajón, antes habría deseado que volviera a sonar al menos una vez, parecía que todos a quienes conocía se habían olvidado de su existencia, pero después de volver a hablar con Diego, rápidamente se convirtió en algo molesto tener con él la misma conversación genérica todos los días sobre cómo había estado, era peor que no hablar con nadie. El guión siempre era parecido; Johnny le decía que no podía estar más jodido, pero Diego lo animaba a estar lo menos jodido posible. Había pensado con algo de rabia que si Diego de verdad se interesaba por él ya habría ido a verlo al menos una vez, pero más allá de eso, no tenía claro si podía considerarlo su amigo, tal vez solo eran colegas, o rivales; en sus circunstancias solo se arriesgaba a creer que Diego estaba siendo condescendiente y quizá un poco piadoso. Johnny se preguntó si él se imaginaba o sabía con seguridad lo solo que estaba, pero después de tener la misma conversación una y otra vez, había dejado de agradecer su atención cuando su teléfono sonaba.
Alcanzó su silla de ruedas a un lado de su cama e hizo un esfuerzo por sentarse en ella, a pesar del dolor de su espalda, casi era hora de su cita con Gyro y él siempre llegaba puntual, casi nunca usaba la silla para nada, pero le gustaba recibirlo sentado en ella. Apenas terminó de acomodar sus pies en las pisaderas, H.P. abrió la puerta de su cuarto sin llamar e hizo pasar a Gyro detrás de ella. Al principio Johnny siempre le gritaba que llamara antes de entrar, pero pronto se dio cuenta de que H.P. no tenía consideraciones con él como las tendría con cualquier otra persona normal, como si Johnny no tuviera derecho a la privacidad, o incluso a la dignidad; ella trataba a Johnny como si fuera un niño que aún no hablaba, y algunas veces incluso como a una mascota necia y mal educada. Johnny se había resignado a ser visto y tratado como un objeto, ya no se esforzaba en pedirle que le diera un poco de espacio y procuraba no hablar mucho con ella.
Con Gyro era diferente, sentía que podía pasar horas hablando o estando con él sin sentirse incómodo, pero ya antes le había pedido que tomara el trabajo de H.P., y él le respondió que no podía hacerlo porque no era un enfermero ni un cuidador. El tono en el que se negó aquella vez también hizo sentir a Johnny como si Gyro hubiera estado regañando a un cachorro que se orinó en la alfombra.
—Hey Johnny, ¿cómo estás?
H.P. se fue sin decir nada y cerró la puerta, entonces Johnny contestó.
—Jodido, igual que la vez pasada.
Gyro solo negó con la cabeza. Iba a ver a Johnny todos los martes y los viernes, y siempre empezaban sobre la camilla. Johnny había estado los últimos seis meses prácticamente postrado en su cama, pero le gustaba que lo encontrara sentado en la silla de ruedas, para que pensara que hacía algo más que solo estar tumbado perdiendo el tiempo, le gustaban sus visitas, sobre todo cuando Gyro lo levantaba en vilo para ayudarle a acostarse.
Gyro dejó su bolsa en la cama y se acercó a Johnny como de costumbre, él le tendió los brazos sin disimular su anticipación y le rodeó los hombros como Gyro le había enseñado a hacer para no lastimarlo mientras lo cargaba. Lo levantó con facilidad, como si no pesara nada, antes, Johnny se había esforzado mucho por ser tan ligero y le hubiera gustado serlo aún más, después de que dejara de caminar había pensado que podía perder treinta kilos fácil y rápido amputándose ambas piernas, y así dejarían de estorbarle y de colgar de su cuerpo como dos pesos muertos. Pero eso fue antes de que Gyro le mostrara que sus piernas aún estaban vivas.
Las primeras sesiones de la terapia física habían sido las más dolorosas y las más incómodas para Johnny, la cicatriz de la cirugía en su espalda dolía como una puñalada cada vez que Gyro lo movía, aunque él era dulce y cuidadoso, Johnny no podía relajarse ni dejar de pensar en lo inútil que era hacer ese esfuerzo. Fue hasta después de varias semanas que empezó a agradecer la terapia y los esfuerzos de Gyro porque no la abandonara, había notado que podía controlar mejor sus esfínteres, y que el resto de su espalda ya no dolía tanto a causa de la cirugía. Las cosas mejoraron aún más, después de varios meses, Gyro le mostró que aún podía sentir un poco su pierna derecha poniendo un aparato para hacer masaje contra ella, Johnny pudo sentir el fantasma de la vibración, aunque no tan bien como si estuviera sano, pero no le encontró mucho sentido; los doctores le habían dejado claro que nunca podría ponerse de pie de nuevo, ni mucho menos volver a caminar.
Gyro lo llevó despacio hasta la camilla, sus brazos se sentían siempre cómodos y seguros, sosteniendo su cuerpo como si fuera una bella flor a punto de perder sus últimos pétalos. Johnny había empezado a fijarse en él unos días después de conocerlo en el hospital, la primera vez que lo levantó para ayudarlo a sentarse en su silla, nunca antes se había imaginado sentirse atraído por un hombre como él, tan alto y tan bien construido, tan diferente de Diego, que era el único hombre con el que había estado, y tan diferente de sí mismo también.
Aunque antes había pensado mucho acerca de su relación con Diego, nunca había pensado si él le gustaba, en el sentido en el que es atractivo un hombre. Siempre se había sentido un poco celoso de su cuerpo liviano y flexible, mucho menos pesado que el de él, a pesar de que era más alto que Johnny, pero nunca se había detenido a pensar si él era guapo o atractivo. Más bien era la forma en la que Diego se conducía en ese cuerpo lo había hecho sentir confundido y atraído; la forma en la que lo abordó la primera vez, y las siguientes, y la forma en la que él era capaz de entregarse a Johnny y después actuar como si lo aborreciera. Johnny no odiaba a Diego, y sinceramente esperaba que él tampoco sintiera cosas horribles por él, pero por la forma en la que lo trataba sabía que no podía esperar ni un poco de él, ni un poco de amistad, ni de atención, ni de nada. Porque Diego era así.
Pero Gyro era diferente, y Johnny estaba seguro de que no solo en su mente era diferente, en verdad tenía que serlo, porque él era tan amable y tan paciente con Johnny, que él se había visto obligado a fijarse en la forma en la que Gyro era hermoso y especial, tan distinto de Diego, que siempre mantuvo su distancia, y que siempre encontró la forma de hacerlo sentir anulado después de tomar todo de él. Después de conocer los brazos de Gyro, Johnny se dio cuenta de que todas las veces que estuvo con Diego él se había estado aferrando a él en lugar de sostenerlo como Gyro lo hacía.
—Yo creo que estás más jodido que la vez pasada —Gyro lo dejó despacio sobre la camilla, haciendo que se quedara acostado de medio lado— voy a levantarte la ropa.
Gyro levantó su pijama muy, muy suavemente, como todo lo que él hacía, Johnny cerró los ojos y sintió sus manos avanzar lentamente sobre los músculos tensos de su espalda, lo había notado él mismo la noche anterior cuando trataba de dormir, permanecer tanto tiempo acostado había empezado a dolerle también, pero no le dio mayor importancia, estaba seguro de que no era nada grave y le preocupaba más saber cómo fue que Gyro se dio cuenta.
—Johnny, ¿porqué nunca me escuchas?, ¿has hecho ejercicio?, ¿al menos has salido de la cama? —Johnny trató de pensar en una excusa creíble para no haberse levantado ni para ir al baño, pero afortunadamente Gyro no estaba esperando una respuesta de verdad, —Johnny, si sigues así vas a llenarte de llagas.
—Lo que pasa es que…
—No tienes que pasar por todo esto, Johnny, sé que ahora las cosas son diferentes para ti, sé que la lesión ha cambiado tu vida, pero no puedes dejar que las cosas se pongan peor.
Ya habían pasado por eso anteriormente, Gyro iba a tratar de convencerlo de que podía recuperarse, pero aunque Johnny pensaba que era muy dulce que tratara de motivarlo, sabía que nunca iba a poder volver a ser el Johnny que era antes, a pesar de que esa noche su cuerpo sobrevivió al disparo, el Johnny que había sido un jockey campeón, y que había habitado alguna vez en ese cuerpo, sí había muerto. Tal vez podría sentir un poco de presión sobre uno de sus muslos, o tal vez se volvería lo bastante fuerte como para meterse en la tina del baño él solo, pero tal cosa como recuperarse era imposible, nunca iba a volver a levantarse ni a caminar.
—¿Cómo te diste cuenta?
—H.P. me dijo que no consigue hacerte salir de la cama para nada —Johnny se sonrojó, imaginó a su enfermera quejándose con Gyro de tener que ayudarlo a usar un cómodo— si tú quisieras no necesitarías a esa chica para nada, es una chica desagradable, no pienso ser amable con ella si ella no es amable conmigo, aunque sea mujer. Anda Johnny, quítate la camiseta.
Se sentó con ayuda del arnés que colgaba frente a él y obedeció a Gyro, él fue al baño y Johnny lo escuchó lavarse las manos. Se preguntó qué iba a hacer cuando volviera, Johnny sabía que Gyro era lo suficientemente amable para darle un masaje en los hombros si se lo pedía, sabía también lo bien que se sentían sus manos sobre su espalda, pero la mayoría de las veces Gyro lo ayudó a mover sus piernas y lo tocó en lugares donde él no podía, o casi no podía sentir; para no perder los músculos en sus piernas ni el movimiento en sus articulaciones, como le había explicado. Esperó realmente que Gyro tuviera que acariciar toda la piel de su espalda para ayudarle a sanar el dolor.
Después de que Johnny fue operado para sacarle la bala que se le alojó en la espalda, se sintió bastante mal de saber que las cosas no habían terminado después de que lo dieron de alta, y que tendría que ver a un fisioterapeuta regularmente por un tiempo indefinido para recuperarse lo mejor posible. Pero entonces estaba agradecido de haber podido por lo menos conocer a alguien como Gyro, ya no le importaba tanto si ese tiempo indefinido se extendía por siempre, estaba seguro de que había algo más, tenía que haberlo, porque también estaba seguro de que él era especial para Gyro también.
Desde que había dejado de caminar todos sus amigos lo habían abandonado, incluso Diego desapareció de su vida por meses; y su padre, que nunca fue muy cercano a él, ahora que estaba completamente seguro de que Johnny jamás llegaría a llenar el vacío que dejó su hermano al morir, lo había hecho sentir como si se hubiera reducido a ser un simple bulto, dejándolo al cuidado de H.P. y continuando su vida como si Johnny hubiera muerto también, pasaban semanas sin verse y sin apenas hablar aunque vivían en la misma casa. Incluso H.P., que pasaba tanto tiempo con él, lo trataba con tanta indiferencia que ni se había molestado en decirle lo que significaban las iniciales de su nombre.
Pero con Gyro era diferente, él se preocupaba genuinamente por él, siempre aconsejándole de que hiciera ejercicio y comiera bien, y tratando de hacerlo reír con las bromas que inventaba; pasaban las sesiones hablando y riendo juntos, y aún más que eso, se había convertido en su amigo y estaba seguro de que eran cada vez más cercanos,incluso “Gyro” le había pedido que lo llamara por su apodo en lugar de señor Julius Caesar, o señor Zeppeli; Johnny imaginó que solo sus hermanos menores y sus amigos tenían el privilegio de que él los dejara llamarlo así, no pasó por su cabeza que fuera tan amable con todos sus pacientes por igual.
Johnny se alegraba de que habían llegado a ser tan cercanos por cosas como cuando le contó lo distanciado que estaba de su padre, Gyro también le confío que su relación con su padre no volvió a ser la misma cuando él decidió ser un fisioterapeuta en lugar de “un médico de verdad”, como fueron su padre, y su abuelo, y el padre de su abuelo.
Él volvió del baño y le ayudó a Johnny a acostarse sobre su pecho, y entonces empezó a tocarlo, primero a la altura de su cintura, donde estaba más lastimado, para Johnny fue un poco doloroso, pero después las manos de Gyro viajaron más arriba, como si quisiera conquistar todo el cuerpo de Johnny, hizo suyos sus hombros y también su cuello. Los dedos de Gyro que a veces estaban fríos, esa vez eran cálidos, y Johnny sentía como si sus pieles estuvieran fundiéndose juntas, como una rebanada de mantequilla derritiéndose sobre un pan tostado.
Johnny deseó que con todo el cuidado y la dulzura con la que Gyro lo había tocado siempre, también fuera capaz de tratarlo, de hablarle y de mirarlo; deseó que con la fuerza que tenía en sus brazos le ayudara a darse la vuelta y lo sostuviera muy cerca de su pecho, tan cerca como cuando lo levantaba para ponerlo en la cama. Justo en ese momento, siendo cuidado por Gyro, fue la primera vez que volvió a sentirse como un hombre después de que recibió la bala.
Fue muy evidente como Johnny se estremeció bajo las manos de Gyro, no se sentía excitado como era antes, lo sabía porque el mismo Gyro se lo dijo, que ahora su cuerpo respondería de manera diferente, sí se sentía un poco diferente, pero él sabía lo que estaba sintiendo. Se levantó sobre sus codos para darse la vuelta y poder estar de frente con él, quería poder mirarlo a los ojos, abrazarlo, y tal vez besarlo; Gyro dejó lo que estaba haciendo y le ayudó a darse un poco la vuelta.
—¿Qué pasa Johnny, te duele?
—No, estoy bien.
Johnny sabía con certeza que lo que estaba sintiendo físicamente en ese momento no se parecía a nada que hubiera sentido antes, ni tampoco tenía que ver con una respuesta diferente de su cuerpo, ni con su columna vertebral seccionada, y mucho menos con lo que Diego alguna vez lo hizo sentir, o cualquier otra persona con la que hubiera estado antes. Era algo que solo estaba relacionado con Gyro, y con la certeza de que estaba profundamente enamorado de él.
Trató de acostarse sobre su espalda, y al verlo Gyro se dio cuenta de lo que le había provocado, Johnny extendió sus brazos hacia él para atraerlo más cerca, casi pudo poner las manos sobre sus hombros pero él tomó sus muñecas con fuerza y las clavó contra la camilla muy cerca de la cabeza de Johnny, y empujó todo su peso sobre sus antebrazos como una advertencia; mientras lo hacía pensaba en dejarle claro que él era más fuerte y no iba a permitir que tuviera un movimiento sobre él, no consideró lo que estaba haciendo, que estaba en una posición de poder ante Johnny y que estaba haciéndole daño.
Johnny sintió el rechazo de Gyro de inmediato, cómo lo obligó a apartarse de él y lo alejó, como si la sola idea de que Johnny pusiera sus manos en él fuera algo repugnante; también entendió que si él quería podía hacer con él lo que quisiera, Gyro era tan fuerte como para romperle la nariz de un golpe, o incluso lanzarlo al otro lado de la habitación como si fuera un muñeco de trapo, y quién podría decir algo al respecto, si fue Johnny en primer lugar el que trató de tocarlo de esa manera.
Johnny comenzó a temblar, la parte inferior de su cuerpo seguía medio girada al revés, y uno de sus hombros estaba flexionado en una posición antinatural bajo el peso de Gyro, nunca se había sentido más expuesto y vulnerable en su vida. Gyro podría pensar cualquier cosa sobre él, tal vez que estaba enfermo o loco, o que era un degenerado; y también, con eso, podía hacer lo que sea con él para defenderse, tan fácil como arrancarle las alas a una mosca. Durante esos segundos, que para él se sintieron eternos, realmente tuvo miedo de Gyro, y se preparó para recibir el golpe que le rompería la nariz, o para ser lanzado. Se preguntó cómo iba a manejarlo él solo, si acababa de arruinar las cosas para la única persona en la que confiaba, y él mismo era quien estaba haciéndole daño.
Finalmente Gyro lo soltó, apenas se dio cuenta de lo que estaba haciendo lo dejó libre con brusquedad, si no hubiera sido por la barandilla Johnny se habría caído de la camilla. Él se cubrió la cara con las manos y comenzó a sollozar, trató de contenerse, pero el llanto parecía salir con más fuerza que su voluntad, desde muy adentro de su pecho, el brazo izquierdo le dolía como el infierno, pero se sentía peor su corazón roto. Se arrepintió profundamente de lo que hizo, el rechazo se sintió como una cubetada de agua helada, o como un baño de realidad; unos segundos antes de verdad pensaba que era buena idea, que Gyro iba a dejar que él lo abrazara y lo besara, y que iba a estar bien con eso, incluso que estaría feliz.
Hasta entonces Johnny pensó que todo eso que Gyro tenía para él, toda su consideración y amabilidad, podrían ser solo por obligación, porque Johnny era parte de su trabajo y solo eso. Se imaginó qué tanto asco tendría que haberle dado para reaccionar así, el que un inválido como él empezara a comportarse así a su alrededor. Seguramente a Gyro solo le gustarían las mujeres hermosas, o si acaso pudiera estar con otro hombre, tendría que ser alguien que al menos estuviera completo, que pudiera caminar, quizás alguien tan guapo, y alto y delgado como Diego.
—Johnny… Johnny escúchame —Gyro se acercó de nuevo a Johnny, quería ver si estaba bien, pero no sabía cómo acercarse, él seguía llorando y apretando sus manos contra sus labios tratando de dejar de hacer ruido— Johnny, lo siento mucho, ya tengo que irme, pero vendré mañana…
Lo único que Gyro quería en ese momento era salir de esa habitación, y así lo hizo. Y aunque no tenía deseos de volver a ver a Johnny nunca más, cumplió con su palabra, y regresó al día siguiente.
Fandom: Steel Ball Run - Jojo's Bizarre Adventure
Pairing: Diego x Johnny, Johnny x Gyro (unilateralmente)
Esta historia tiene situaciones violentas explícitas en esta parte en específico; menciona temas como la anorexia y el autodesprecio, y tendrá lemon en el futuro, aunque no en esta parte, cuando vaya a ser así les avisarémos primero. Que lo disfruten :3
Johnny apagó su celular y lo guardó en el fondo de un cajón, antes habría deseado que volviera a sonar al menos una vez, parecía que todos a quienes conocía se habían olvidado de su existencia, pero después de volver a hablar con Diego, rápidamente se convirtió en algo molesto tener con él la misma conversación genérica todos los días sobre cómo había estado, era peor que no hablar con nadie. El guión siempre era parecido; Johnny le decía que no podía estar más jodido, pero Diego lo animaba a estar lo menos jodido posible. Había pensado con algo de rabia que si Diego de verdad se interesaba por él ya habría ido a verlo al menos una vez, pero más allá de eso, no tenía claro si podía considerarlo su amigo, tal vez solo eran colegas, o rivales; en sus circunstancias solo se arriesgaba a creer que Diego estaba siendo condescendiente y quizá un poco piadoso. Johnny se preguntó si él se imaginaba o sabía con seguridad lo solo que estaba, pero después de tener la misma conversación una y otra vez, había dejado de agradecer su atención cuando su teléfono sonaba.
Alcanzó su silla de ruedas a un lado de su cama e hizo un esfuerzo por sentarse en ella, a pesar del dolor de su espalda, casi era hora de su cita con Gyro y él siempre llegaba puntual, casi nunca usaba la silla para nada, pero le gustaba recibirlo sentado en ella. Apenas terminó de acomodar sus pies en las pisaderas, H.P. abrió la puerta de su cuarto sin llamar e hizo pasar a Gyro detrás de ella. Al principio Johnny siempre le gritaba que llamara antes de entrar, pero pronto se dio cuenta de que H.P. no tenía consideraciones con él como las tendría con cualquier otra persona normal, como si Johnny no tuviera derecho a la privacidad, o incluso a la dignidad; ella trataba a Johnny como si fuera un niño que aún no hablaba, y algunas veces incluso como a una mascota necia y mal educada. Johnny se había resignado a ser visto y tratado como un objeto, ya no se esforzaba en pedirle que le diera un poco de espacio y procuraba no hablar mucho con ella.
Con Gyro era diferente, sentía que podía pasar horas hablando o estando con él sin sentirse incómodo, pero ya antes le había pedido que tomara el trabajo de H.P., y él le respondió que no podía hacerlo porque no era un enfermero ni un cuidador. El tono en el que se negó aquella vez también hizo sentir a Johnny como si Gyro hubiera estado regañando a un cachorro que se orinó en la alfombra.
—Hey Johnny, ¿cómo estás?
H.P. se fue sin decir nada y cerró la puerta, entonces Johnny contestó.
—Jodido, igual que la vez pasada.
Gyro solo negó con la cabeza. Iba a ver a Johnny todos los martes y los viernes, y siempre empezaban sobre la camilla. Johnny había estado los últimos seis meses prácticamente postrado en su cama, pero le gustaba que lo encontrara sentado en la silla de ruedas, para que pensara que hacía algo más que solo estar tumbado perdiendo el tiempo, le gustaban sus visitas, sobre todo cuando Gyro lo levantaba en vilo para ayudarle a acostarse.
Gyro dejó su bolsa en la cama y se acercó a Johnny como de costumbre, él le tendió los brazos sin disimular su anticipación y le rodeó los hombros como Gyro le había enseñado a hacer para no lastimarlo mientras lo cargaba. Lo levantó con facilidad, como si no pesara nada, antes, Johnny se había esforzado mucho por ser tan ligero y le hubiera gustado serlo aún más, después de que dejara de caminar había pensado que podía perder treinta kilos fácil y rápido amputándose ambas piernas, y así dejarían de estorbarle y de colgar de su cuerpo como dos pesos muertos. Pero eso fue antes de que Gyro le mostrara que sus piernas aún estaban vivas.
Las primeras sesiones de la terapia física habían sido las más dolorosas y las más incómodas para Johnny, la cicatriz de la cirugía en su espalda dolía como una puñalada cada vez que Gyro lo movía, aunque él era dulce y cuidadoso, Johnny no podía relajarse ni dejar de pensar en lo inútil que era hacer ese esfuerzo. Fue hasta después de varias semanas que empezó a agradecer la terapia y los esfuerzos de Gyro porque no la abandonara, había notado que podía controlar mejor sus esfínteres, y que el resto de su espalda ya no dolía tanto a causa de la cirugía. Las cosas mejoraron aún más, después de varios meses, Gyro le mostró que aún podía sentir un poco su pierna derecha poniendo un aparato para hacer masaje contra ella, Johnny pudo sentir el fantasma de la vibración, aunque no tan bien como si estuviera sano, pero no le encontró mucho sentido; los doctores le habían dejado claro que nunca podría ponerse de pie de nuevo, ni mucho menos volver a caminar.
Gyro lo llevó despacio hasta la camilla, sus brazos se sentían siempre cómodos y seguros, sosteniendo su cuerpo como si fuera una bella flor a punto de perder sus últimos pétalos. Johnny había empezado a fijarse en él unos días después de conocerlo en el hospital, la primera vez que lo levantó para ayudarlo a sentarse en su silla, nunca antes se había imaginado sentirse atraído por un hombre como él, tan alto y tan bien construido, tan diferente de Diego, que era el único hombre con el que había estado, y tan diferente de sí mismo también.
Aunque antes había pensado mucho acerca de su relación con Diego, nunca había pensado si él le gustaba, en el sentido en el que es atractivo un hombre. Siempre se había sentido un poco celoso de su cuerpo liviano y flexible, mucho menos pesado que el de él, a pesar de que era más alto que Johnny, pero nunca se había detenido a pensar si él era guapo o atractivo. Más bien era la forma en la que Diego se conducía en ese cuerpo lo había hecho sentir confundido y atraído; la forma en la que lo abordó la primera vez, y las siguientes, y la forma en la que él era capaz de entregarse a Johnny y después actuar como si lo aborreciera. Johnny no odiaba a Diego, y sinceramente esperaba que él tampoco sintiera cosas horribles por él, pero por la forma en la que lo trataba sabía que no podía esperar ni un poco de él, ni un poco de amistad, ni de atención, ni de nada. Porque Diego era así.
Pero Gyro era diferente, y Johnny estaba seguro de que no solo en su mente era diferente, en verdad tenía que serlo, porque él era tan amable y tan paciente con Johnny, que él se había visto obligado a fijarse en la forma en la que Gyro era hermoso y especial, tan distinto de Diego, que siempre mantuvo su distancia, y que siempre encontró la forma de hacerlo sentir anulado después de tomar todo de él. Después de conocer los brazos de Gyro, Johnny se dio cuenta de que todas las veces que estuvo con Diego él se había estado aferrando a él en lugar de sostenerlo como Gyro lo hacía.
—Yo creo que estás más jodido que la vez pasada —Gyro lo dejó despacio sobre la camilla, haciendo que se quedara acostado de medio lado— voy a levantarte la ropa.
Gyro levantó su pijama muy, muy suavemente, como todo lo que él hacía, Johnny cerró los ojos y sintió sus manos avanzar lentamente sobre los músculos tensos de su espalda, lo había notado él mismo la noche anterior cuando trataba de dormir, permanecer tanto tiempo acostado había empezado a dolerle también, pero no le dio mayor importancia, estaba seguro de que no era nada grave y le preocupaba más saber cómo fue que Gyro se dio cuenta.
—Johnny, ¿porqué nunca me escuchas?, ¿has hecho ejercicio?, ¿al menos has salido de la cama? —Johnny trató de pensar en una excusa creíble para no haberse levantado ni para ir al baño, pero afortunadamente Gyro no estaba esperando una respuesta de verdad, —Johnny, si sigues así vas a llenarte de llagas.
—Lo que pasa es que…
—No tienes que pasar por todo esto, Johnny, sé que ahora las cosas son diferentes para ti, sé que la lesión ha cambiado tu vida, pero no puedes dejar que las cosas se pongan peor.
Ya habían pasado por eso anteriormente, Gyro iba a tratar de convencerlo de que podía recuperarse, pero aunque Johnny pensaba que era muy dulce que tratara de motivarlo, sabía que nunca iba a poder volver a ser el Johnny que era antes, a pesar de que esa noche su cuerpo sobrevivió al disparo, el Johnny que había sido un jockey campeón, y que había habitado alguna vez en ese cuerpo, sí había muerto. Tal vez podría sentir un poco de presión sobre uno de sus muslos, o tal vez se volvería lo bastante fuerte como para meterse en la tina del baño él solo, pero tal cosa como recuperarse era imposible, nunca iba a volver a levantarse ni a caminar.
—¿Cómo te diste cuenta?
—H.P. me dijo que no consigue hacerte salir de la cama para nada —Johnny se sonrojó, imaginó a su enfermera quejándose con Gyro de tener que ayudarlo a usar un cómodo— si tú quisieras no necesitarías a esa chica para nada, es una chica desagradable, no pienso ser amable con ella si ella no es amable conmigo, aunque sea mujer. Anda Johnny, quítate la camiseta.
Se sentó con ayuda del arnés que colgaba frente a él y obedeció a Gyro, él fue al baño y Johnny lo escuchó lavarse las manos. Se preguntó qué iba a hacer cuando volviera, Johnny sabía que Gyro era lo suficientemente amable para darle un masaje en los hombros si se lo pedía, sabía también lo bien que se sentían sus manos sobre su espalda, pero la mayoría de las veces Gyro lo ayudó a mover sus piernas y lo tocó en lugares donde él no podía, o casi no podía sentir; para no perder los músculos en sus piernas ni el movimiento en sus articulaciones, como le había explicado. Esperó realmente que Gyro tuviera que acariciar toda la piel de su espalda para ayudarle a sanar el dolor.
Después de que Johnny fue operado para sacarle la bala que se le alojó en la espalda, se sintió bastante mal de saber que las cosas no habían terminado después de que lo dieron de alta, y que tendría que ver a un fisioterapeuta regularmente por un tiempo indefinido para recuperarse lo mejor posible. Pero entonces estaba agradecido de haber podido por lo menos conocer a alguien como Gyro, ya no le importaba tanto si ese tiempo indefinido se extendía por siempre, estaba seguro de que había algo más, tenía que haberlo, porque también estaba seguro de que él era especial para Gyro también.
Desde que había dejado de caminar todos sus amigos lo habían abandonado, incluso Diego desapareció de su vida por meses; y su padre, que nunca fue muy cercano a él, ahora que estaba completamente seguro de que Johnny jamás llegaría a llenar el vacío que dejó su hermano al morir, lo había hecho sentir como si se hubiera reducido a ser un simple bulto, dejándolo al cuidado de H.P. y continuando su vida como si Johnny hubiera muerto también, pasaban semanas sin verse y sin apenas hablar aunque vivían en la misma casa. Incluso H.P., que pasaba tanto tiempo con él, lo trataba con tanta indiferencia que ni se había molestado en decirle lo que significaban las iniciales de su nombre.
Pero con Gyro era diferente, él se preocupaba genuinamente por él, siempre aconsejándole de que hiciera ejercicio y comiera bien, y tratando de hacerlo reír con las bromas que inventaba; pasaban las sesiones hablando y riendo juntos, y aún más que eso, se había convertido en su amigo y estaba seguro de que eran cada vez más cercanos,incluso “Gyro” le había pedido que lo llamara por su apodo en lugar de señor Julius Caesar, o señor Zeppeli; Johnny imaginó que solo sus hermanos menores y sus amigos tenían el privilegio de que él los dejara llamarlo así, no pasó por su cabeza que fuera tan amable con todos sus pacientes por igual.
Johnny se alegraba de que habían llegado a ser tan cercanos por cosas como cuando le contó lo distanciado que estaba de su padre, Gyro también le confío que su relación con su padre no volvió a ser la misma cuando él decidió ser un fisioterapeuta en lugar de “un médico de verdad”, como fueron su padre, y su abuelo, y el padre de su abuelo.
Él volvió del baño y le ayudó a Johnny a acostarse sobre su pecho, y entonces empezó a tocarlo, primero a la altura de su cintura, donde estaba más lastimado, para Johnny fue un poco doloroso, pero después las manos de Gyro viajaron más arriba, como si quisiera conquistar todo el cuerpo de Johnny, hizo suyos sus hombros y también su cuello. Los dedos de Gyro que a veces estaban fríos, esa vez eran cálidos, y Johnny sentía como si sus pieles estuvieran fundiéndose juntas, como una rebanada de mantequilla derritiéndose sobre un pan tostado.
Johnny deseó que con todo el cuidado y la dulzura con la que Gyro lo había tocado siempre, también fuera capaz de tratarlo, de hablarle y de mirarlo; deseó que con la fuerza que tenía en sus brazos le ayudara a darse la vuelta y lo sostuviera muy cerca de su pecho, tan cerca como cuando lo levantaba para ponerlo en la cama. Justo en ese momento, siendo cuidado por Gyro, fue la primera vez que volvió a sentirse como un hombre después de que recibió la bala.
Fue muy evidente como Johnny se estremeció bajo las manos de Gyro, no se sentía excitado como era antes, lo sabía porque el mismo Gyro se lo dijo, que ahora su cuerpo respondería de manera diferente, sí se sentía un poco diferente, pero él sabía lo que estaba sintiendo. Se levantó sobre sus codos para darse la vuelta y poder estar de frente con él, quería poder mirarlo a los ojos, abrazarlo, y tal vez besarlo; Gyro dejó lo que estaba haciendo y le ayudó a darse un poco la vuelta.
—¿Qué pasa Johnny, te duele?
—No, estoy bien.
Johnny sabía con certeza que lo que estaba sintiendo físicamente en ese momento no se parecía a nada que hubiera sentido antes, ni tampoco tenía que ver con una respuesta diferente de su cuerpo, ni con su columna vertebral seccionada, y mucho menos con lo que Diego alguna vez lo hizo sentir, o cualquier otra persona con la que hubiera estado antes. Era algo que solo estaba relacionado con Gyro, y con la certeza de que estaba profundamente enamorado de él.
Trató de acostarse sobre su espalda, y al verlo Gyro se dio cuenta de lo que le había provocado, Johnny extendió sus brazos hacia él para atraerlo más cerca, casi pudo poner las manos sobre sus hombros pero él tomó sus muñecas con fuerza y las clavó contra la camilla muy cerca de la cabeza de Johnny, y empujó todo su peso sobre sus antebrazos como una advertencia; mientras lo hacía pensaba en dejarle claro que él era más fuerte y no iba a permitir que tuviera un movimiento sobre él, no consideró lo que estaba haciendo, que estaba en una posición de poder ante Johnny y que estaba haciéndole daño.
Johnny sintió el rechazo de Gyro de inmediato, cómo lo obligó a apartarse de él y lo alejó, como si la sola idea de que Johnny pusiera sus manos en él fuera algo repugnante; también entendió que si él quería podía hacer con él lo que quisiera, Gyro era tan fuerte como para romperle la nariz de un golpe, o incluso lanzarlo al otro lado de la habitación como si fuera un muñeco de trapo, y quién podría decir algo al respecto, si fue Johnny en primer lugar el que trató de tocarlo de esa manera.
Johnny comenzó a temblar, la parte inferior de su cuerpo seguía medio girada al revés, y uno de sus hombros estaba flexionado en una posición antinatural bajo el peso de Gyro, nunca se había sentido más expuesto y vulnerable en su vida. Gyro podría pensar cualquier cosa sobre él, tal vez que estaba enfermo o loco, o que era un degenerado; y también, con eso, podía hacer lo que sea con él para defenderse, tan fácil como arrancarle las alas a una mosca. Durante esos segundos, que para él se sintieron eternos, realmente tuvo miedo de Gyro, y se preparó para recibir el golpe que le rompería la nariz, o para ser lanzado. Se preguntó cómo iba a manejarlo él solo, si acababa de arruinar las cosas para la única persona en la que confiaba, y él mismo era quien estaba haciéndole daño.
Finalmente Gyro lo soltó, apenas se dio cuenta de lo que estaba haciendo lo dejó libre con brusquedad, si no hubiera sido por la barandilla Johnny se habría caído de la camilla. Él se cubrió la cara con las manos y comenzó a sollozar, trató de contenerse, pero el llanto parecía salir con más fuerza que su voluntad, desde muy adentro de su pecho, el brazo izquierdo le dolía como el infierno, pero se sentía peor su corazón roto. Se arrepintió profundamente de lo que hizo, el rechazo se sintió como una cubetada de agua helada, o como un baño de realidad; unos segundos antes de verdad pensaba que era buena idea, que Gyro iba a dejar que él lo abrazara y lo besara, y que iba a estar bien con eso, incluso que estaría feliz.
Hasta entonces Johnny pensó que todo eso que Gyro tenía para él, toda su consideración y amabilidad, podrían ser solo por obligación, porque Johnny era parte de su trabajo y solo eso. Se imaginó qué tanto asco tendría que haberle dado para reaccionar así, el que un inválido como él empezara a comportarse así a su alrededor. Seguramente a Gyro solo le gustarían las mujeres hermosas, o si acaso pudiera estar con otro hombre, tendría que ser alguien que al menos estuviera completo, que pudiera caminar, quizás alguien tan guapo, y alto y delgado como Diego.
—Johnny… Johnny escúchame —Gyro se acercó de nuevo a Johnny, quería ver si estaba bien, pero no sabía cómo acercarse, él seguía llorando y apretando sus manos contra sus labios tratando de dejar de hacer ruido— Johnny, lo siento mucho, ya tengo que irme, pero vendré mañana…
Lo único que Gyro quería en ese momento era salir de esa habitación, y así lo hizo. Y aunque no tenía deseos de volver a ver a Johnny nunca más, cumplió con su palabra, y regresó al día siguiente.
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