Sólo es un rumor II
Fanfic yaoi
Fandom: Steel Ball Run - Jojo's Bizarre Adventure
Pairing: Diego x Johnny, Johnny x Gyro (unilateralmente)
Esta historia tiene situaciones violentas explícitas; menciona temas como la anorexia y el autodesprecio, y tendrá lemon en el futuro, aunque no en esta parte, cuando vaya a ser así les avisaré primero. Que lo disfruten <3
Fandom: Steel Ball Run - Jojo's Bizarre Adventure
Pairing: Diego x Johnny, Johnny x Gyro (unilateralmente)
Esta historia tiene situaciones violentas explícitas; menciona temas como la anorexia y el autodesprecio, y tendrá lemon en el futuro, aunque no en esta parte, cuando vaya a ser así les avisaré primero. Que lo disfruten <3
Después de que Gyro se fue, Johnny estuvo quieto en la camilla por lo que parecieron siglos, hasta que H.P. regresó a ofrecerle la cena, no tenía hambre pero al menos le agradeció que moviera la camilla cerca de la cama y lo ayudara a bajar de ahí. Deseó que ella lo hubiera dejado ahí tanto tiempo por descuido, porque no se dio cuenta de lo que pasó con Gyro, aunque no era un alivio saber que se interesaba tan poco por lo que pasara con él, era mejor que imaginarse a Gyro quejarse con ella sobre lo que pasó, y aconsejándole que tuviera cuidado con él.
“¿Dices que Johnny no quiere dignarse a usar un excusado?, pues además hoy ha tenido una erección mientras estaba dándole un masaje”
Johnny casi podía escuchar la voz de Gyro diciendo cosas horribles sobre él, no sólo a la pobre H.P. que tenía que sufrirlo todos los días, tal vez también a su padre, que había hecho bastante con dejar que Johnny permaneciera viviendo en la casa y conseguir a alguien que cuidara de él.
Estuvo el resto de la noche en vela, llorando intermitentemente, nunca antes se había sentido tan agotado de vivir, ni cuando estaba en el hospital recuperándose de la anestesia de la cirugía, tan adolorido y desorientado como quedó; la lucidez se sentía mucho peor, la certeza de que, como Gyro se lo advirtió muchas veces, por su culpa las cosas se pusieran mucho peor que antes.
Tal vez enfrentar a su padre cuando le dijeran lo que pasó no sería tan malo como dejar de ver a Gyro para siempre si decidía dejar a Johnny de lado, olvidarse de sus cuidados y su ayuda para él era mucho peor que tener que justificar lo que hizo esa tarde. Simplemente estaba enamorado de Gyro, y ya sin nada más que perder, no le habría importado admitirlo delante de su padre, del mismo Gyro, o de quien fuera, de todas formas anticipaba que sanar su corazón roto sería igual de doloroso e imposible que terminar de sanar físicamente, tal vez no en otras circunstancias, pero sí en las suyas; Gyro era la única persona con la que había tenido una conversación real durante meses y acababa de darle un motivo para terminar su relación, aunque solo fuera una relación de terapeuta y paciente, era mejor que no tener a nadie.
Pasadas las tres de la mañana Johnny se cansó de tratar de dormir, y buscó su teléfono en el cajón de la mesita de luz. La cantidad de mensajes y llamadas perdidas de Diego era ridícula, había pensado pasar a través de todo eso y navegar un poco en internet, pero terminó leyendo todos los mensajes por curiosidad, no podía haber nada tan importante qué decir como para que Diego le hiciera una llamada real en lugar de solo escribirle.
Sus mensajes empezaban como todos los días, preguntando cómo estaba, y al no tener ninguna respuesta iban haciéndose más y más raros; preguntando por la salud de Johnny; preguntando si estaba enojado con él; disculpándose por dejarlo solo tanto tiempo; y finalmente pidiéndole verlo para hablar con él. Johnny le respondió que estaba bien de salud, normal, y que se había olvidado de su teléfono en un cajón, no queriendo averiguar detalles de porqué Diego se interesaba tanto por él repentinamente, pero tan pronto como envió la respuesta, Diego la leyó y comenzó a escribirle de vuelta.
Lo había conocido durante mucho tiempo, pero apenas había reparado en su existencia hacía unos pocos años, Diego solía ser un simple caballerango, no muy diferente de los demás chicos que trabajaban en el hipódromo ensillando y cepillando a los caballos, pero por alguna razón, había conseguido que una cuadra se interesara en él y lo dejara montar como un jockey; aún sin haber pasado por una escuela, siendo tan inusualmente alto para poder dedicarse a eso, y a pesar de muchas cosas, Diego estaba de pronto compitiendo entre los mejores de la región.
Tan rápido como empezó su ascenso Johnny recordaba haber escuchado toda clase de rumores acerca de él; si era el amante de la dueña de la cuadra a cambio de que lo dejara montar, o si ayunaba varios días seguidos para poder estar dentro del rango de peso para poder competir; a Johnny secretamente le gustaba creer en todos esos rumores, como si desacreditarlo un poco hiciera menos reales sus victorias sobre él. Después de la muerte de su hermano, Johnny al fin había podido salir de su sombra y comenzado a destacar como jinete; pero justo en ese entonces Diego apareció en su camino, tan inoportuno como había demostrado ser siempre, para poner una sombra sobre Johnny otra vez.
No importaba cuánto se esforzara, Diego siempre parecía estar un paso adelante de él, muchas veces había pensado, como le dijo su padre, que nunca podría estar a su nivel sin importar lo que hiciera. Diego estaba siempre llenando sus pensamientos, aunque apenas y lo conocía personalmente un poco, y nunca habían intercambiado más de dos palabras de cortesía, se sentía tan obsesionado con él que había empezado a observarlo, sólo para asegurarse de comprobar que se acostaba con alguno de los jueces, con la dueña de su cuadra, o con los caballos; o de que era anoréxico y de pronto se caería muerto sin más.
Por supuesto que Diego se dio cuenta de la actitud de Johnny, de que lo vigilaba y de que lo seguía a donde sea que fuera, y no lo pasó por alto.
Johnny casi arroja su celular de nuevo al fondo del cajón, Diego a veces podía ser raro, pero no pudo evitar imaginar lo espeluznante que podría haber sido que se quedara toda la noche mirando la pantalla de su teléfono esperando a que le respondiera. Tal vez casi tan espeluznante como haberse quedado llorando por horas atrapado en una camilla. Decidió darle una oportunidad a lo que Diego tuviera que decirle, no podría ser tan malo que pudiera hacerlo sentir peor, y tampoco le importaba mucho felicitarlo si quería decirle había tenido una buena racha en las carreras de práctica, o si había conseguido algún patrocinador. Después de todo Johnny ya no era un jockey, ya no podría competir con Diego, ni con nadie.
—“cómo estás???”
Pensó que tal vez Diego se había arrepentido de llamarlo tantas veces y de escribir todas esas cosas que jamás diría en persona, pero no tenía sentido que volviera a llevar la conversación al inicio de siempre, para acabar siempre en el mismo lugar. Johnny se sintió decepcionado también, en ese momento quería saber de Diego, o de cualquier persona, pero no quería volver a pasar por sus explicaciones de todos los días. Se preguntó si podría contarle lo que pasó con Gyro, tal vez a Diego le importaría, tenía un lado amable cuando no estaba comportándose como un idiota, aunque no pudiera hacer nada, tal vez solo si lo escuchaba podría sentirse mejor con lo que pasó.
Lo pensó un poco, pero dejó el teléfono a un lado y trató de dormir otra vez, sentía los ojos hinchados y comenzaba a dolerle la cabeza. A Diego no le había importado que le dispararon por la espalda, ni se había preocupado por hablar con él ni enterarse cómo estaba durante medio año; no dudaba que alguien del ambiente le hubiera contado los detalles de cómo lo encontraron, cuantos días había estado en el hospital, o que se había quedado lesionado de por vida; pero si de verdad hubiera estado preocupado, solo un poco, quizás no habría esperado tanto tiempo para hablar directamente con él, y preguntarle cómo se sentía. Diego siempre parecía tener segundas intenciones en todo lo que hacía, siempre esperando sacar partido, y solo preocupado por él mismo; Johnny pensó que sería muy ingenuo esperar un poco de apoyo de Diego, aunque fuera solo apoyo moral.
La pantalla de su teléfono volvió a iluminarse en silencio, era Diego de nuevo. No podía ser nadie más, a la hora que fuera.
—“no me ignores”
Johnny escribió de vuelta: “tú me ignoraste por 6 meses”, pero no lo envió.
No era como si Diego pudiera acorralarlo como siempre, metiéndose en su camino y empujándolo contra las paredes, ni siquiera estaba ahí físicamente, pero de alguna forma Johnny sintió su presencia dominante cernirse sobre él, como un mal presentimiento de que no podría esconderse de él por más tiempo.
Diego continuó escribiendo:
—“cuándo vas a volver?”
Johnny se preguntó si Diego pensaba que seguía internado en un hospital, de dónde más tendría que volver.
—“a volver a dónde?”
—“aquí”
Johnny sabía que significaba aquí al hipódromo, o aquí a correr. Tal vez en lugar de contestar “estoy bien” o “estoy igual de jodido que siempre” todas aquellas veces, debió decirle “estoy paralizado de la cintura para abajo” o “estaré en una silla de ruedas para el resto de mi vida”. Como fuera, era muy tarde para eso, si Diego en verdad no lo sabía, o tal vez solo estaba siendo cruel. A Johnny le dio igual, en ese momento se sentía como si ya nada pudiera herirlo más.
—“no voy a volver” —Tal vez debió ser más específico y escribir que no podía volver nunca, ni a correr, ni a montar, ni a poner un pie en un hipódromo, para que no siguiera preguntando.
—“porqué???”
—“no he dormido en toda la noche, podemos hablar después?” —Johnny había sabido desde siempre que alegar estar en cansado era la mejor excusa para despedirse, y funcionaba tan bien para un convaleciente como para un atleta.
—“yo tampoco” —Johnny había empezado a escribir una despedida, pero Diego fue más rápido— “estaba pensando en ti”, “podemos vernos y hablar???”
Lo irritaba que Diego usara tantos signos de interrogación juntos, pero al menos ya estaba llegando al lugar donde había avanzado él solo, cuando Johnny no estaba contestando los mensajes.
—“qué tienes que decir?” —Johnny había querido escribir “qué es tan importante como para tener que volver a vernos?”, pero se contuvo.
—“hablé con Fanny Valentine”
Johnny sintió un estallido de furia en la boca del estómago, sabía que era más o menos del dominio público que se había visto con la hija del juez Valentine la noche que le dispararon, su padre le había dejado muy claro que si se armaba un escándalo que afectara a la familia Valentine lo iba a hacer pagar muy caro. Johnny sintió el valor de la amenaza más como un desprecio de su padre, después de todo no tenía nada que pagar, si se aseguró de ver a Fanny correr segura lejos de los disparos, y aunque ella hubiera sufrido algún daño por su culpa, cómo iba a hacer pagar a alguien medio muerto que esperaba por una cirugía en un hospital.
No estaba muy seguro de lo que Diego quería decir mencionando a Fanny, pero no podía ser nada bueno, tal vez todos esos días solo había querido enterarse con detalles de cómo se quedó paralítico, o estaba aburrido y quería herirlo, nunca sabía qué esperar con él.
Recordaba con frecuencia una ocasión en especial, mientras estaban calentando en la pista, Johnny había fintado varias veces al caballo de Diego, no lo había hecho con ese propósito, sin embargo, había querido rebasarlo y usar su carril por delante de él, pero Diego no lo permitía; aunque solo haya tratado de ser una mala pasada, parecía que no iba a dejar que tuviera ningún tipo de pequeña victoria sobre él. Finalmente el caballo de Diego se había puesto nervioso y se levantó sobre sus patas traseras haciendo un ruido desesperado, todos pusieron sus ojos en él de inmediato, pero no dejó ni un momento a la expectativa, no perdió el control sobre el animal, lo calmó fácilmente, y siguió corriendo por su carril dispuesto a ignorar a Johnny; él solo se hizo a un lado y lo dejó hacer sus vueltas en paz.
Después de ese entrenamiento, Johnny se mantuvo observando a Diego discretamente —según él mismo, porque Diego lo había notado muchas veces—, nunca lo había visto hacer todas esas cosas raras que estaba seguro de que sí hacía, pero en esa ocasión estaba yéndose a un lugar apartado y Johnny pensó que seguro iba a hacerlas al fin. Lo siguió por un pasillo largo que estaba solitario hasta que lo perdió de vista, simplemente desapareció de él en un segundo de distracción, Johnny aún continuó por ese camino un poco más, y justo cuando iba a dar la vuelta y regresar, Diego le salió al paso detrás de un arco de la estructura.
Antes de que pudiera reaccionar, Diego lo había tomado del brazo y prácticamente lo llevaba arrastrando cada vez más lejos. Johnny se guardó de decir algo o de poner mucha resistencia, porque realmente no pensaba que pudiera hacerle frente en una pelea a golpes, y si antes se había fijado bastante en Diego, en ese momento le pareció mucho más alto y más fuerte de lo que en realidad era, estaba seguro de que en lugar de una pelea, lo que iba a pasar era que Diego le daría una paliza.
Se detuvo en el umbral de un gran arco y atrapó a Johnny entre la pared y su cuerpo.
—Ya deja de seguirme.
—No te estaba siguiendo —Johnny trató de sonar tranquilo, pero no sonó tan seguro de lo que decía.
—¿Crees que no sé lo que estás haciendo, tratando de llamar mi atención, y provocándome así?, —Johnny había querido hacer lo contrario de llamar su atención, pero supuso que era imposible a esa alturas, que su rivalidad estaba tan implícita— ¿qué es lo que quieres Johnny Boy?
Lo que Johnny quería de Diego era ganarle, pero no iba a decirle que esperaba verlo ir a reunirse con su supuesta amante anciana solo para sentirse mejor. Diego puso una de sus manos en el hombro de Johnny, esperando por su respuesta, él no pensaba decir nada, no le importaba que Diego se irritara más, hubiera preferido que pasara directo a los golpes por molestado durante el entrenamiento en lugar del interrogatorio, así que cerró los ojos esperando a que lo golpeara.
Diego lo entendió mal, igual que había entendido mal que Johnny lo siguiera al baño para ver si vomitaba su comida. Se movió más cerca de él y aunque fue suave, no cambió ni un poco su postura agresiva, esa fue la primera vez que se besaron.
Johnny estaba demasiado cansado para permanecer enojado o discutir con él, decidió actuar como si no se enterara de que Diego quería hablar del disparo que recibió. Lo que no sabía es que en realidad, Diego quería saber acerca de lo que habló con Fanny Valentine esa noche, antes de que les dispararan.
—“Fanny te dijo que me visitaras?”, “o qué tiene que ver esa gorda fea conmigo?”
Fanny en verdad era bastante gorda para ser solo una quinceañera, bastante más gorda que su padre también, pero era linda, y Johnny no tenía nada en contra de ella, solo estaba molesto con Diego.
—“por favor”, “puedo ir a tu casa mañana???”
—“no creo que a mi padre le guste”
—“a ti te gustaría???”
Johnny no sabía si le gustaría, Diego nunca era la mejor compañía, y no sabía qué podía depararle el día siguiente si Gyro y H.P. lo acusaban con su padre, seguramente lo haría pagar como siempre amenazaba con hacer.
—“no creo que sea una buena idea”
—“yo tampoco”, “pero estaré ahí después de entrenar”
Johnny dejó de contestarle y trató de dormir pensando en la triste pero tranquila certeza de que al día siguiente, y al siguiente, las cosas solo iban a ponerse cada vez peor.
Comentarios
Publicar un comentario
Déjame un comentario :3